sábado, 18 de diciembre de 2010

Las Ventajas de la Mediocridad

LAS VENTAJAS DE LA MEDIOCRIDAD


Dr. Ángel Alberto Bellorín
Abogado – Constitucionalista y Docente Titular


¡¡¡¡Fulanito si es mediocre¡¡¡¡…..Frecuentemente escuchamos a personas que, sin mirarse en espejos ni revisar inventario de méritos, califican a otras de “mediocres”. La mayoría de los casos sin conciencia clara de que el término implica estar en el “medio”, es decir, dentro de un rango central en una imaginaria tabla de valoración moral de las personas, cuyos extremos son por un lado la santidad y la genialidad y por el otro la estupidez y la amoralidad, y que, cual campana de Gauss, ubica en el “medio” a la gran mayoría de las personas.

Desplazarse desde esa segura y aparentemente estable ubicación mediana hacia los extremos excepcionales de personas diferentes a esa gran mayoría, bien en virtudes, bien en vicios, dependerá de las aptitudes, actitudes y en definitiva de la actuación de cualquier persona en la vida familiar y social.

Muchas son las características que, según los estudiosos, definen la mediocridad, pero José Ingenieros (1913) determinó las fundamentales al sentenciar que: “El mediocre se caracteriza por tener rutinas en el cerebro y prejuicios en el corazón”. Los prejuicios no son juicios racionales, son creencias anteriores a los hechos y experiencias que pretenden argumentar; son falacias que nacen de la vanidad, envidia o incompetencia intelectual. La otra característica, la rutina, se sustenta en el prejuicio y en errados juicios, y actuando como un silencioso cáncer, anula las fuerzas morales que deben gobernar el cerebro y, por ende a la intelectualidad. Es como un ancla que si bien, no permite conducir a las personas al extremo de la amoralidad, tampoco lo deja avanzar al otro extremo, al de los genios y los santos, que al fin y al cabo, son los que han motorizado a través de los siglos los favorables cambios sociales de la humanidad.

Discutiendo sobre la rutina con un grupo de profesionales universitarios, éstos casi en unísono coro, defendieron bondades del concepto y coincidieron que “la rutina ofrece confianza y seguridad”, sin embargo, la historia nos enseña que la humanidad admira santos, genios y héroes, utilizando para juzgarlos tablas de valores no diseñadas según conveniencias individuales, sino por su utilidad social y los favorables cambios que generaron; Cristo, Sócrates, Aristóteles, César, Washington, Bolívar, Simón Rodríguez, Gandhi, Luther King, etc, fueron visionarios no rutinarios, y vaya que impulsaron cambios.

Famosos sociólogos como Durkheim, Nisbeth, Weber y Adams, entre otros, se pronunciaron sobre el rechazo humano al cambio. Nisbeth señaló diferentes conductas del ser humano en sociedad y, valorando su disposición al cambio, encontró las “antagónicas” de reducidos grupos activos al cambio y las conductas mayoritarias de “anomia”, “desviación” y “alienación”. Éstas las catalogó Brooks Adams como causantes de la Entropía Social; es decir, desviaciones o desperdicio de energía humana. Al respecto, estos autores manejaron encuestas con altos porcentajes de personas rutinarias y coinciden que la rutina produce alienación, que significa algo así como quedar en neutro.

Es indiscutible que con el auge de la tecnología y la eclosión de la información, la urgente adaptación al cambio es una necesidad vital para cualquier sociedad, y las generaciones actuales “van a millón”, a diferencia de anteriores, vigentes por mayor tiempo. Con tanta información que procesar, hay que desaprender y aprender con mucha velocidad y lo más difícil, producir nuevos conocimientos generadores de cambios sustanciales. Esto es imposible de lograr a partir de las conductas mediocres. Procesar acertadamente tanta información es difícil de conseguir por mentes rutinarias.

Existen obras que valoran la influencia de los medios de difusión en la rutina racional de personas que se hacen adictas a los juicios ajenos. Al respecto, José Ingenieros expresó: “La rutina, síntesis de todo renunciamiento, es el hábito de renunciar a pensar. En los rutinarios todo es menor esfuerzo, razonan con la lógica de los demás, son dóciles a la presión del conjunto y viven del juicio ajeno”; por supuesto, no se refería al hecho de llevar los niños al colegio de lunes a viernes, hacer mercado los sábados, ir a la peluquería los domingos, tomar cerveza los viernes en las noches, por decir algo. Es la rutina que duerme el cerebro, la más dañina para el orden moral y los necesarios cambios sociales, ya que hace a las personas esclavos de juicios ajenos. Para quienes creen que los cambios surgen independientemente de la conducta del ser humano, o que no existen, tal creencia es diluida por la grandeza de los originales hombres y mujeres que impulsaron los más trascendentales cambios de la humanidad.

Para salir de la rutina, se requiere elevadas y armonizadas inteligencias racional, espiritual y emocional. Solo con autonomía de criterio y fortaleza de espíritu se deja de pensar con la cabeza de los demás. Al ser esto muy complicado, muchas personas preferirían opinar: “¿Para qué luchar contra la corriente?, ¡la vida es una sola y hay que vivirla sin problemas!, la felicidad está en la comodidad y pensar mucho agota la mente. Lo
importante es llegar a las metas, no importa cómo; al final, los héroes y los santos están completos y bien muertos y la historia la escriben los vencedores. ¡Más vale jalar mecate en la sombra que escardillar en el sol!”. Para ellos, ser mediocre aporta muchas ventajas.


Publicado por El Correo del Caroní Caracas, 10 de Diciembre del 2010

3 comentarios:

  1. Rutinas hay que gozan de inestimable valor, como las rutinas instrumentales indispensables para el arte y la tecnología; y aun así tales rutinas aceptan el cambio para superarse a sí mismas; cambio que puede ser insertado solamente por el intelecto que las emplea. El uso inteligente de esas rutinas permite identificar los cambios necesarios y posibles. Pero ciertamente ni aun en la rutina el pobre mediocre admite la mínima variación que inquiete su somnolencia o arruine su peor excusa para el fracaso. El primer argumento es: "ESO SIEMPRE SE HA HECHO ASÍ".

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    1. Excelente aporte,esta frase es lapidaria : "Pero ciertamente ni aun en la rutina el pobre mediocre admite la mínima variación que inquiete su somnolencia o arruine su peor excusa para el fracaso".Gracias.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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